DIrector de "Talentos en Equipo".
🚀 IMPULSANDO EL BIENESTAR LABORAL A TRAVÉS DE LA INTELIGENCIA TEMPERAMENTAL 📚Autor de los libros "Inteligencia Temperamental" y "Reflexionar es Avanzar"
«En el término medio está la virtud», sostenía Aristóteles. Pero cuando ese “término medio” se convierte en rutina perpetua corremos el riesgo de quedarnos anclados en una vida aburrida y mediocre, funcionando solo a base de órdenes e indicaciones de los demás, dejándonos arrastrar por el contexto que nos rodea.
Si no hay aprendizaje, si no hay emoción, si no hay un poco de vértigo… quizás no sea virtud, sino miedo.
La auténtica sabiduría no solo habita en el punto de equilibrio, sino también en el momento en que decidimos desafiarlo. Porque arriesgarse, plantear preguntas incómodas y transitar por lo desconocido es la chispa que despierta la creatividad, fortalece la confianza y abre puertas inesperadas.
¿Confundimos a veces prudencia con comodidad o, incluso, con inseguridad? ¿Estamos cultivando mesura o autoimponiéndonos un freno que nos impide avanzar?
Te doy primero «pistas» y luego «posibles soluciones», por si te apetece dar unos pasos más allá de tu «término medio»:
Cada paso fuera de nuestro “apalancamiento” es una oportunidad de crecimiento. No se trata de lanzarse sin red, sino de identificar cuándo la prudencia se transforma en una falta de propósito y nos lleva hacia zonas demasiado grises, que nos impiden conocer las múltiples tonalidades que existen.
¿Qué opinas tú? ¿Realmente sabemos distinguir entre «término medio» y «mediocridad»?
Personalmente, creo que la virtud también vive en los bordes. En el salto. En la incomodidad que antecede a la transformación. Porque muchas veces, salir del «término medio» es lo que nos permite encontrarnos con nuestra autenticidad.
