Rafa PeiróRafa PeiróCreador del concepto Inteligencia Temperamental

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Personas que nos "eclipsan"

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Rafa Peiró

Consultor de clima laboral y calidad relacional | Ensayista especializado en comportamiento humano y convivencia | Creador del concepto Inteligencia Temperamental

Este miércoles 12 de agosto vamos a vivir uno de esos acontecimientos que pocas generaciones tienen la oportunidad de contemplar: un eclipse total de Sol. La Luna se interpondrá entre el Sol y la Tierra y llegará a ocultar por completo el disco solar, bloqueando durante algo más de un minuto, la luz directa que recibimos de él. Un fenómeno extraordinario que está generando una enorme expectación y que ha llevado a muchas personas a desplazarse, reservar alojamientos y buscar lugares privilegiados desde los que contemplarlo.

También estamos escuchando continuamente las advertencias de quienes trabajan en el ámbito sanitario sobre los riesgos que supone mirar directamente al Sol sin la protección adecuada. Hacen bien en insistir: nuestros ojos no tienen recambio y un acontecimiento tan excepcional no justifica poner en peligro algo tan valioso como la vista.

Yo he decidido verlo tranquilamente desde el televisor de mi casa. He pasado por varias operaciones por desprendimiento de retina en uno de mis ojos, que ha quedado con secuelas, y actualmente dependo especialmente del otro para desenvolverme, trabajar y continuar escribiendo mis libros. Por muy extraordinario que sea el acontecimiento, no quiero asumir ningún riesgo innecesario.

Todo lo que estamos escuchando estos días sobre el eclipse me ha llevado también a pensar en otros eclipses mucho más cotidianos: los que pueden producirse entre las personas.

Porque no todos los eclipses ocurren en el cielo.

Hay personas que, consciente o inconscientemente, intentan eclipsarnos. Pueden restar valor a lo que hacemos, cuestionar nuestras capacidades, invisibilizar nuestros logros, apropiarse de méritos que no les corresponden, dificultar nuestros avances o tratar de que ocupemos menos espacio del que legítimamente nos pertenece. No siempre existe una intención deliberada de perjudicar; en ocasiones, detrás de estos comportamientos aparecen inseguridades, miedos, necesidad de reconocimiento, comparación permanente, competitividad o dificultad para aceptar el crecimiento y las capacidades de otra persona.

Comprender por qué alguien intenta eclipsarnos no significa permitir que lo haga.

Por eso resulta importante aprender a gestionar estas relaciones. A veces será necesario alejarnos, especialmente cuando determinados comportamientos se mantienen en el tiempo y terminan dañándonos, pero marcharse no es siempre la única respuesta posible ni necesariamente la mejor. También podemos hablar con claridad, establecer límites, defender nuestro espacio, hacer visible aquello que está ocurriendo o intentar modificar una dinámica relacional que se ha vuelto perjudicial.

Pensemos, por ejemplo, en el ámbito laboral. Si una persona trata constantemente de dificultar nuestro trabajo, ocultar nuestras aportaciones o impedir que avancemos, abandonar precipitadamente nuestro puesto puede suponer, en determinados casos, que consiga precisamente aquello que buscaba. Cada situación es diferente y habrá que valorar sus circunstancias, pero protegernos también puede consistir en aprender a mantener nuestro lugar, defender nuestro trabajo y relacionarnos desde una posición más firme y consciente.

Personas con brillo reparador

Frente a estas personas encontramos, afortunadamente, otras que representan prácticamente lo contrario: personas con conocimientos, experiencia y talento que desarrollan su potencial sin necesidad de disminuir el de quienes las rodean. Comparten lo que saben, reconocen las capacidades ajenas, ayudan a avanzar, enseñan, acompañan y ponen parte de lo que han aprendido al servicio de otras personas. Algunas lo hacen como parte de su actividad profesional; otras, además, encuentran innumerables maneras de ayudar, orientar o aportar generosamente sin esperar necesariamente algo a cambio.

Son personas que entienden que el talento de alguien no amenaza el suyo y que ayudar a crecer a otras personas no las hace más pequeñas. Al contrario, suelen ser precisamente las personas con mayor seguridad interior las que menos necesidad sienten de competir permanentemente por ocupar espacios.

Para mí, esas son las personas verdaderamente brillantes, con el valor añadido de que no necesitamos protegernos con ninguna gafa para disfrutar de su admirable actitud. Son personas cuya luz no deslumbra ni incomoda, sino que acompaña, inspira y deja espacio para que quienes están a su alrededor también puedan desarrollar todo su potencial.

«Una persona brillante no necesita apagar tu luz para que se vea la suya. Sabe que unirlas puede aportar mucho más brillo al entorno».