Rafa PeiróRafa PeiróCreador del concepto Inteligencia Temperamental

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"Es que eres demasiado buena persona"

¿Cuántas veces habrán escuchado esta frase precisamente quienes intentan actuar con bondad?

Como si ser buena persona fuera un defecto. Como si confiar, ayudar, cuidar, compartir, perdonar o procurar no hacer daño fueran actitudes que hubiera que corregir.

No, no y no. De ninguna manera. Ser buena persona no es un defecto que haya que corregir.

No es la bondad la que necesita cambiar. No es la buena persona quien tiene que aprender a ser menos buena.

Llevamos demasiado tiempo poniendo el peso del cambio en el lugar equivocado.

Lo que sí necesita cambiar es todo aquello que destruye: el rencor, la envidia, los celos, la desconfianza permanente, los prejuicios, la falta de empatía, la altanería, la costumbre de aprovecharse de la buena fe ajena, la necesidad de imponerse o esa manera de vivir pensando siempre: primero yo, después yo y siempre yo.

Sin embargo, lo que se suele hacer es decir a las buenas personas que aprendan a desconfiar, a protegerse, a endurecerse, a estar alerta, a poner barreras para que nadie se aproveche de ellas.

¿Y si empezamos a pedir con la misma insistencia que cambien quienes hacen necesario levantar todas esas barreras?

Porque si todavía seguimos avanzando como sociedad es, en gran medida, gracias a millones de personas que cada día ayudan, cuidan, acompañan, comparten, enseñan, protegen, escuchan o tienden una mano sin necesitar protagonismo a cambio. Personas cuyos actos quizá nunca aparezcan en ningún titular, pero que hacen que la vida de quienes las rodean sea un poco mejor.

Pensemos por un momento en un mundo sin ellas: sin personas dispuestas a cuidar, ayudar, confiar, colaborar, compartir, comprender lo que sienten otras personas y actuar también pensando en ellas. Solo con imaginarlo podemos comprender hasta qué punto la bondad ha sido necesaria para sostener nuestra convivencia y nuestra propia supervivencia como humanidad.

Estoy convencido de que, sin toda esa bondad acumulada generación tras generación, hace mucho tiempo que habríamos acabado destruyéndonos.

Así que no les pidamos a las buenas personas que cambien. Pongamos el foco en exigir que cambien los comportamientos que deterioran nuestra convivencia.

La bondad, no. La bondad no necesita corregirse: necesitamos protegerla, reconocerla y multiplicarla.

Y a todas las personas que, a pesar de las decepciones, las heridas o las veces que alguien se aprovechó de su manera de ser, siguen eligiendo actuar con bondad:

¡Gracias por seguir siendo precisamente eso, buenas personas!

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Rafa Peiró

Consultor de clima laboral y calidad relacional | Ensayista especializado en comportamiento humano y convivencia | Creador del concepto Inteligencia Temperamental