DIrector de "Talentos en Equipo".
🚀 IMPULSANDO EL BIENESTAR LABORAL A TRAVÉS DE LA INTELIGENCIA TEMPERAMENTAL 📚Autor de los libros "Inteligencia Temperamental" y "Reflexionar es Avanzar"
Sí, los formadores también aprendemos mucho durante las jornadas formativas. El estar una mañana o una tarde, primero en una sesión de mentoría con la alta dirección de una organización , para luego, ese mismo día u otro cercano, pasar a celebrar un taller formativo con trabajadores/as de la misma, para mí también es aprendizaje, además muy valioso.
El «intercambio de sabiduría» se produce a través de un feedback auténtico, es decir sin o con muy pocos «filtros a la defensiva», esos aprendizajes «en vivo y en directo» no se aprenden en ninguna universidad y me siento un privilegiado por llevarme a casa ese trueque, a través de preguntas, opiniones, puntos de vista y experiencias, que por las circunstancias y ambiente que rodea la formación, suelen salir directas del corazón. Algo que no es demasiado habitual en los lugares de trabajo, a los que no son pocas las veces que acudimos con «máscara y armadura», incluso hay personas que lo adoptan como hábito. Algunas de las causas que nos llevan a ello es disimular miedos e inseguridades que, a veces tienen fundamento y en otras ocasiones solo pasan en nuestra imaginación.
Hoy quiero compartir una de esas experiencias que viví no hace mucho en una organización, que por razones obvias y por las obligadas cláusulas de confidencialidad que firmo en todas ellas, no voy a identificar e incluso por ello, he variado minimamente algunos pasajes, aunque la esencia y el mensaje que quiero transmitir es el mismo.
Cuando llegué a la empresa que contrató mi mentoría y taller formativo, me encontré con un equipo muy «apagado», es más, por lo que transmitían a través de su comunicación no verbal, se puede decir que incluso con bastantes sintomas de agotamiento mental.
En la mentoría con el CEO, una de las cosas que más me comentó era la sensación, ya practicamente convertida en perenne, que tenía un día sí y otro también de no conectar con su equipo, «con su gente», me decía con tono de voz entre entristecido y melancólico, como evocando tiempos en los que eso no era así.
Más tarde, en el taller con los trabajadores pude completar la pieza del puzzle (no sin esfuerzo porque al principio el grupo apenas participaba de mis preguntas e invitaciones a la reflexión). Poco a poco se fueron relajando y encontrandose a gusto, fue entonces cuando algunos «valientes» me transmitieron su desmotivación a la hora de realizar sus desempeños, entre otras cosas porque ya no creían en su jefe, no se sentían liderados por él.
Tanto en la mentoría con el CEO, como en el taller con los trabajadores, a pesar de que tenía muchos recursos y herramientas que compartir, pasé gran parte del tiempo no hablando yo sino escuchando. Presté mucha atención a lo que tenía toda la pinta de haber permanecido mucho tiempo dentro de esas personas que ahora estaban sincerandose conmigo y, además, publicamente (mi admiración por ello) ante sus compañeros.
Sin duda, lo deduje por mi experiencia en la matería, en la empresa se estaba produciendo una «desconexión brutal» entre las diversas formas de ser innnatas, entre la genuina forma de concebir no solo el trabajo sino la vida, por cada una de las personas que formaban parte de la empresa, incluido su CEO.
Como suele pasar en un tema que no se conoce, les sorprendió verse reflejados claramente en algunas de las caracterísiticas, fortalezas y áreas de mejora que son típicas de cada temperamento, cuando entramos en matería sobre cada uno de ellos. También, al conocer las peculiaridades de otros temperamentos, claramente no las identificaban como propias, pero sí que las relacionaban con la forma de ser de otros compañeros y compañeras de trabajo.
Esto de adentrase en los temperamentos no es ninguna tontería, te darás cuenta de su enorme importancia si descubres que, el temperamento, es nuestra forma de ser heredada genéticamente, que ya traemos «de serie» al nacer y que nos acompañará durante toda la vida, no va a cambiar. Los cambios se pueden producir en torno al carácter y la personalidad que aunque junto al temperamento son un pack indivisible en los seres humanos, no son lo mismo.
El comprobar que muchos de los conflictos que se producían tenían su origen en una ausencia de observación, aceptación y respeto, tanto hacia la autenticidad de ellos mismos como hacia la de la gente con la que compartían objetivos comunes en la empresa, les abrió un mundo nuevo e incluso avergonzó a más de uno por no haberse dado cuenta de ello hasta ese día. De inmediato les invité a quitarse de encima ese sentimiento de culpa, ya que lo que había pasado era, sencillamente, que nadie les había enseñado cómo hacerlo.
Durante la mentoría y el taller, practicamos unas muy novedosas técnicas pedagógicas, que faciltan mucho el «engagemnet» emocional y la cohesión grupal, no las voy a desvelar aquí, aunque quien me lea y ya haya asistido a alguna de mis jornadas, sabe muy bien a que me refiero y seguro que en estos momentos tiene dibujada una sonrisa en su rostro.
La guinda fue la realización de un «test de temperamentos» (autocorregible y por lo tanto íntimo y personal, salvo elegir compartirlo voluntariamente), que propició que cada asistente se fuera del taller con una «completa radiografía» de su perfil temperamental.
Esa mañana salieron «a la palestra» frustraciones, fortalezas, deseos, miedos, estilos de trabajo, estilos de liderazgo,…, fue una experiencia muy completa, a pesar de que en una sola sesión se quedan muchas cosas en el tintero, pero es lo que hay en esta voragine de velocidad y falta de tiempo que rodea la época en la que nos encontramos
Una mañana, al cabo de 4 semanas de haber realizado la jornada «Impulsar el Bienestar Laboral a través de la Inteligencia Temperamental», recibí una llamada de uno de los trabajadores (seguro que el CEO también lo pensaba, pero ya sabemos lo «ocupados» que andan las personas que desempeñan esos puestos), diciéndome que la empresa ya comenzaba a parecer «otra cosa» (palabras literales), que la gente proponía ideas, había aprendido a escuchar, desde el respeto, otras propuestas diferentes. Había aumentado la disposición a colaborar, incluso con otros secciones de la organización y, otro detalle no menos importante; se empezaban a ver cada vez más caras sonrientes durante la jornada.
Como podréis imaginar, eso para una persona que vive por y para contribuir a la mejora de las interacciones y relaciones en el entorno laboral, es una gran satisfacción.
De mis apredizajes adquiridos no solo en esta sino en muchas de mis formaciones, comparto uno de ellos:
«A veces no es falta de motivación, es falta de conexión».
Comparte el artículo y contribuye al bienestar laboral, son muchas las horas que pasamos trabajando, convirtámoslas en tiempo saludable, equilibrado y respetuoso con la enorme diversidad temperamental que nos rodea:
